Las apariencias engañan, al que no sabe observar le cuesta trabajo entender que lo simple está a la vuelta de la esquina. Lo sublime, lo artístico e incluso lo banal vive y palpita de forma simultánea con nuestras vidas cotidianas.

 

Para Rodolfo Díaz Palafox, un joven saxofonista originario de la Ciudad de México resulta imprescindible entender que lo más valioso es lo que uno disfruta, nuestras pasiones, las alegrías que constantemente son efímeras, el empeño con que hacemos lo que más nos gusta y sobre todo entender lo preciado que se convierte aquello que uno ama.

 

“No existe algo tan complicado como la oportunidad de vernos y mirarnos, saber qué es lo que amamos y emprender algo por cuenta propia. En esta vida hay que sobrevivir y yo lo hago de esta forma: tocando música para otros, manteniendo un legado del cual ahora se desprende mi vida”.

 

Rodolfo tiene 22 años y está estudiando su segundo grado en la carrera de músico saxofonista en el Instituto de Capacitación musical (ICM) el cual pertenece al Sindicato de Músicos. Dicha carrera consta de 4 años y él apenas se enfrenta a la mitad de ella. Es común verlo en la calle de Gante en el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde interpreta temas populares de artistas como Bruno Mars, José José, Luis Miguel entre otros.

 

“Como estudiante estoy llevándome algo de dinero para solventar mis gastos personales tocando en las calles. Mucha gente me dice que no hay trabajo yo les digo que el chiste es buscarle siempre, tener un criterio abierto para muchas posibilidades en la vida”.

 

 

¿Cuáles fueron tus influencias musicales?

 

Mi papá también era músico, fue saxofonista, clarinetista y flautista; empezó desde pequeño como a los seis años. Fue un músico del Nayarit, de la franja que ahora conforma el Triángulo Dorado. Poco después se trasladó a la Ciudad de México donde construyó su carrera musical y debutó en la temporada de las orquestas de ‘Swing’ y  Big Band’. Acompañó a José José en algunas de sus giras, fue solista en la Orquesta de Pérez Prado y compartió escenario en la Orquesta de Frank Sinatra en Estados Unidos.

 

orquesta

¿Cómo fue la relación con tu padre y la música?

 

Mi relación con él fue muy distante a causa de las giras musicales a las cuales tenía que asistir. Viajaba mucho cuando yo era pequeño, en ocasiones acompañando a artistas internacionales que llegaban a México como Natalie Cole, cantante de Jazz así como también con el compositor canadiense Paul Anka.

La música es un terreno que demanda, sobre todo si te encuentras a un nivel alto como el que se encontraba.

Nuestro momento de mayor cercanía se dio cuando mi hermano y yo empezamos en el mundo de la música, pues él era nuestro maestro y ejemplo a seguir, la persona que nos decía por dónde movernos y todo. Nosotros con ese gusto incursionamos y fue ahí cuando más cercanos nos volvimos a mi papá, desafortunadamente fue corto ese lapso pues enfermó y falleció cuando tenía 74 años, a pesar de todo lo aprovechamos muchísimo. Dejó grandes enseñanzas. Llevo toda mi vida admirándolo, siempre por luchador, supo salir adelante viniendo de la nada, de su niñez pobre y quizá gracias a eso supo encauzar bien su lucha mediante nosotros y es ese precisamente el sueño que tengo, me gustaría llegar tan lejos como él, estar en orquestas y tocar para otros públicos.

 

“Mi vida es la música, yo como, desayuno y ceno música, vengo de familia de músicos y pues es algo que traigo en la sangre, es una cuestión que va más allá de la tradición”.

 

¿Hiciste examen para entrar al Conservatorio Nacional de Música?

 

No, principalmente porque no me gusta el estilo de la música clásica, yo soy de jazz y ahí son como el agua y el aceite, de hecho entre músicos no se llevan, al contrario. Me había quedado en la escuela de “Esperanza Azteca” pero cuando supieron que venía del Sindicato de Músicos me rezagaron y obviamente discriminaron. Hay una constante segregación entre unos y otros.

 

¿Por qué decidiste tocar en la calle?

 

Principalmente por eso, por dinero, porque nadie vive del agradecimiento, todos trabajamos por dinero. Yo hago esto porque es lo que sé hacer y sé que de las miradas intempestivas de la gente no voy a comer o no voy a pagar tal cosa, aunque también se agradecen todos los comentarios y el agradecimiento, por supuesto, pero no lo es todo. Mucha gente me dice que no hay trabajo, que no sale y que no hay por dónde, pero yo pienso que el chiste es buscarle siempre, tener un criterio abierto para muchas posibilidades en la vida. Los limites nos los ponemos nosotros mismos.

 

En la calle lo que más le gusta a la gente es algo de José José o Luis Miguel, ya sabes, lo popular. Lo clásico suele aburrir y no te escuchan. En cambio cuando toco en algunos hoteles o restaurantes ahí el repertorio cambia, ahí me aviento algunos estándares de jazz, de baladas, algo más romántico, pero definitivamente en la calle lo que atrae es lo folclórico.

 

 

¿Cómo es un día en la vida de Rodolfo?

 

Mi día comienza en la escuela a las 9 de la mañana, todos los días donde a veces salgo a la 1 o 3, de ahí a seguir estudiando, cuando puedo es cuando puedo venir a tocar al centro. Estudio solfeo, canto y afinación. Entrenamiento auditivo, técnica del instrumento y hay talleres de instrumento donde se juntan todos los grupos a tocar estándares de jazz. También tengo que cantar en coro y saber conocer la afinación de las notas. Estudio también historia de la música, ya sabes para matar la ignorancia de los músicos populares, todo esto se divide en semestres y dependes del criterio de los profesores para evaluar tu desempeño.

 

¿Qué hay en la vida personal de un músico joven como tú?

 

Lo mismo quizá que en la vida de los demás; un poco de todo pero con mucha música. Tengo novia, ella estudia periodismo y considero que nuestras carreras se han sabido complementar, pues ella le tira más a lo cultural y a lo artístico. Lo mío es el jazz pero me adapto a todo, puedo interpretar cumbia y salsa con mi grupo pero definitivamente aún no me puedo vender como jazzista. Me gusta leer biografías de grandes figuras musicales, por ejemplo mis saxofonistas favoritos son Dexter Gordon y Joshua Redman. Salgo a tomar café cuando puedo y trato de pasar más tiempo con mi novia. Todo el que me permita, aunque también tengo que repartirlo con la banda que toco los fines de semana.

 

¿Cómo ves la profesión de músico en el escenario actual de nuestro país?

 

La carrera en sí se encuentra muy infravalorada, estamos catalogados muy por debajo, la gente cree que nada más vas agarras el instrumento, soplas y ya está, pero en realidad tiene mucho chiste, es un proceso bastante largo y difícil. Si te gusta la música puede ser un gran complemento en tu vida. A esto también le sumas el transporte, la comida y el mantenimiento normal que se le debe dar a cualquier instrumento. El saxofón que yo utilizo me lo regaló mi papá y es de los años 70, pero hay instrumentos carísimos. Todo tiene su chiste en esta vida, o al menos así lo veo yo. Pero definitivamente, ser músico cuesta y cuesta aún más el reconocimiento y el pago justo de que las horas que inviertes en los ensayos y de tu vida misma. Ya nada es lo que era antes y creo que es así en cualquier carrera artística.

 

Rodolfo no le teme a la adversidad de los tiempos actuales, asegura que su camino es y seguirá siendo la música, cueste lo que cueste, así como lo fuera para su padre Víctor Manuel Díaz, quien después de ser una gran figura en la escena de la música nacional logró conquistar a los oídos más exigentes en las orquestas de los años 50.

 

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